Ya con la mayor parte de la hoja caída, el bosque se va quedando desnudo, preparado para el invierno.
El viento de Sur era bastante fuerte y los pájaros estaban muy esquivos, solo algunos grupos de Zorzal alirrojo y páridos, entre los que vimos un Carbonero palustre nos salieron al encuentro. No importa, hay que desconectar de vez en cuando.
Nunca había intentado la fotografíar torrentes, cascadas o saltos de agua, y en un lugar como éste donde se salvan unos cuantos, podría ser una buena primera vez.
Los bosques constituyen el ecosistema climácico, de la mayor parte de Europa, es decir, el resultado de dejar a la Naturaleza hacer lo quiere durante el tiempo suficiente, en la mayor parte del territorio europeo. Un sistema perfectamente autorregulado si no tiene influencias externas.
Solo hace falta pararse 5 minutos dentro de un bosque maduro para darse cuenta de que la naturaleza lo hace bien por sí sola, lo ha hecho bien millones de años; pero solo hace falta caminar 5 minutos más para ver que somos demasiadas personas viviendo en un lugar demasiado pequeño para que haya sitio para todos.
Los bosques de Asturias, aunque creciendo en general, son pequeñas manchas verdes en un mundo de brezales, eucaliptos y prados de siega.
El bosque de Valgrande es el ejemplo perfecto, está situado entre tres de las mayores vías de comunicación asturiana; la autopista del Huerna y el puerto de Pajares, y ahora también el tren de alta velocidad, y aún así conserva cierto aire "salvaje" aunque haya perdido sus urogallos y casi todos sus osos.
| Bosque de Valgrande (22-11-12) |